Cíclico
Otra vez he vuelto a quedarme sin él. Después de asimilarlo hace unos minutos, acompaño a los trozos a su velatorio. Éstas son las palabras que diré en su entierro:
Era un corazón que latía tan rápido como le permitía el pecho. Le echaré de menos, pero ustedes, amigos, familiares, esta vez no se percatarán de su ausencia porque no lo permitiré. Además, no es momento de estar tristes, todos sabéis que soy un fénix.
No hará falta decir más, porque, efectivamente, no lo notarán, y volverá. Y si no lo hiciera, pues... inesperadamente, muy inesperadamente, una guía se ha convertido en una carga. Nada vale nada.
-Doctor, el tejido casi ha acabado de regenerarse. ¿Comenzamos?
-¿Qué porcentaje lleva, señorita?
-Un 83 %.
-Entonces empecemos. Preparen el material quirúrgico.
Llevo ya demasiado prohibiéndome disfrutar y obsesionarme con mi segunda actividad preferida. ¿La primera? cualquier ser humano debería suponerla. Mientras que para algunos es trabajo, para mí es ocio. He conviertido el aprendizaje y la práctica en distracciones que me alejan de mis tareas y evitan que complete mi vetusta madurez con responsabilidad, o mejor dicho, que me convierta en el burro de carga que la sociedad espera.
Como complemento indirecto llevo ya más de una semana durmiendo poco y a destiempo, no por gusto o sacrificio, sino por imposibilidad. Necesito un horario rígido (o no) y olvidarme de muchas cosas, principalmente diría que de dos (o una). La primera en cambiar ha sido por explosión propia esta mañana y la otra, como señal del destino, ha llegado unas horas después.
Efecto o causa de esto y del calor, es la astenia continuada en mis brazos y piernas, que me lleva del sofá a la cama. Una desgana que con agujetas se hace más cansada por muchas siestas que me eche. Muchas horas de piscina en movimientos densos y arrugas reflexivas en los dedos, con su consecuente fatiga no consiguen tampoco que venga Morfeo.
También me había fijado hoy como descanso del "proyecto hombre", pero la verdá, ni siquiera tengo ganas de fumarme un porrillo de marihuana.
Como mi espalda al respaldo, siento de nuevo la calor adherida a mi piel, y con el mismo esfuerzo que gasto en separar una de otro, buscaré la sombra para dedicarme a otros menesteres. Corrijo; intentaré buscarla.
Y así han ido pasando los días y así he ido perdiéndolos.
Ahora tengo una nueva razón para dejarme alquilar por el pesimismo pero, créame, he decidido evitarlo. Ya he estado otras temporadas así, supongo que como todos, y he salido de ellas. De hecho, hoy creo que será el Primer día. Tanto el calor, como el cansancio como el ataúd quedan en el pasado.
Escribiré un poco más, ignoraré muchas de las actividades que tengo pendientes y comenzaré a estudiar algo aburridamente inútil para mi vida y mi carrera profesional. Eso serán las primeras horas de la nueva era.
Ale, me voy a ver la peli de los Simpsons y dejo esto sin revisar.

