Soneto II [ fuego ]
Continuando con la publicación de las cosas que escribí hace meses, pongo el segundo soneto:
Siete dones de tu luz, rayo hiriente,
luchan sobre esta solitaria encina,
que les cedió su efímera resina
y refugiaba a un fruto inocente.
Queda en sus cenizas, brusca y caliente,
la huella abisal de esa herida en la espina
que aún alaba su esencia, entre neblina,
y el fuego avivará en su hogar cadente.
La centella virtuosa a que gemía,
pretendiendo centrarse en su tarea,
la carrasca ignora, e inmolaría,
al heraldo Agní y su testa maniquea,
para olvidarla y purgarse en la umbría,
sus memorias de florida ralea.

Vaya, es la entrada número 50. Al menos de las públicas, porque tengo demasiados textos sin acabar o esperando la última revisión.


